Tras los descalabros en Australia y Nueva Zelanda, la cadena británica TOPSHOP sale del país tras el cierre de sus cuatro puntos de venta en nuestro país.

Las pérdidas del pasado año 2016 de la compañía TOPSHOP han sido el detonante de la salida de España de la firma inglesa. Los pequeños beneficios del año anterior se ven insuficientes para la continuidad de esta marca que, aunque ha estado presente en nuestro país desde 1999, nunca llegó a conectar con la consumidora española.

Según informes regulares a lo largo de su andadura peninsular, la firma estaba considerada por los usuarios como gama baja. Unido esto, paradójicamente, al precio más elevado que el de sus competidoras de Inditex, por ejemplo, la compañía se ha visto obligada a abandonar sus intenciones de afianzarse en nuestro país por la puerta de atrás; con concurso de acreedores mediante de su socio local Glasak tras el anuncio de su retirada.

Lo que es seguro es que el fracaso español no responde, como es el caso de Australia o Nueva Zelanda, a la incorrecta selección de un producto no adaptable a los mercados locales de otro confín. Dada la proximidad de ambas naciones, en este caso, y de la europeización de los mercados, el fracaso de TOPSHOP no se fundamenta en dichos términos. Con lo que gana fuerza la conjetura del precio.

El nuevo equipo directivo de Topshop, con Paul Price a la cabeza, será quien decida en un futuro si la firma volverá a intentar una nueva incursión en el mercado español. Lo que es seguro es que el ex ejecutivo de Burberry, junto con su nuevo director creativo David Hagglund, darán que hablar en los próximos meses.

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